Capítulo 3

Aquel dia, me desmayé de dolor, vivo y consciente, era seis días antes del desastre, desperté y ya había amanecido; después de la lluvia, el sol brillaba espléndidamente. Luché por levantarme del suelo, con las marcas de sangre ya secas entre mis piernas.

“Renán, tengo mucho miedo, ¿qué hago? ¿Qué hago?” En la sala, se oía el llanto de Yuria, temblando sin parar, diciendo que un asesino la tenía en la mira, a ella le aterraba morir.-

“Renán, revisamos las cámaras, y de verdad que a Yura la están siguiendo, ¿llamamos a la policía?”.

“No, no llames, ese asesino es despiadado, siempre va tras jóvenes y aunque ya encontraron seis cuerpos, jamás lo han atrapado. Si lo provocamos…”, Yuria negaba con la cabeza, rehusándose a llamar a la policia.

“Yuria, no temas”, Renán la abrazaba, consolándola con ternura, no era que él no supiera ser dulce, es que nunca me había dado un ápice de esa dulzura a mi.

Me quedé parada ahi, sintiéndome fuera de lugar y rigida, sin saber si irme o quedarme.

“Yuria, ayer cuando pasaste por el callejón de las Palmas, ¿qué llevabas puesto?”, le preguntó Pepe, el compadre de Renán.

“Un vestido rojo”, Yuria respondió y me lanzó una mirada.

No dije nada, desvié la mirada y caminé hacia la cocina con las piernas temblando, buscando algo de

comer.

y atraparlo antes de llamar a la policía, así evitamos que Yuria corra

Renán asintió: “Dime”.

el vestido de Yura y la mandamos al callejón de las Palmas a medianoche. Estaremos vigilando con cámaras, no pasará nada”, Pepe

es esa?

mirada de Yuria volvió a caer sobre mí, con su voz temblorosa dijo: “Te

todavía tienes compasión”, Renán la abrazó más fuerte, visiblemente molesto.

y el agua se derramó sobre mi dorso. El agua hirviendo me quemaba, pero

no logré calentar el corazón de ese hombre. Y

a ir…”, me negué, no podía jugar

la presiones”, Yuria tenía los ojos llorosos. Ella no me empujó a propósito”.

Renán estalló de repente que hasta Yuria se

la cabeza: “Renán, ¡no

que fuera yo, luego me dijo como

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Capitulo 3

las lágrimas

consideraré que te has disculpado y no te molestaré más”, susurró, como ofreciéndome un

yo, ilusa, creí en sus palabras: “¿De verdad garantizarás mi seguridad?”.

parecía

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