Capítulo 1506

Liuva apenas recibió la notificación de la transferencia en su cuenta y antes de poder alegrarse, sus nervios se pusieron en alerta máxima.

“¿Quién me está buscando” preguntó Liuva con cautela.

En este mundo ya no tenía familiares; su madre había seguido a su padre en la muerte el mismo día que él falleció.

Parientes y amigos, al saber que había caído en la mendicidad, la evitaban uno tras otro. ¿Cómo era posible que alguien la buscara ahora?

Habia vivido en ese viejo y deteriorado lugar por más de dos años y nadie jamás la había visitado.

¿Por qué de repente alguien estaba preguntando por ella?

La casa vieja tenía una mala insonorización y, sumado a la profundidad de los callejones, hacía que las voces resonaran. Aunque alguien hablaba no muy lejos, Liuva podía escuchar desde su hogar.

Ramiro miró con intensidad hacia la fuente de las voces y, bajando la voz, dijo: “¿Acaso no te das cuenta de quién te ofendió hoy? ¿Crees que Asier es el tipo de persona que deja las venganzas para el día siguiente?”

Los ojos de Liuva se agrandaron de asombro, se sintió confundida y desorientada: “¿Asier envió a alguien tras de mí? ¿Por Elia?“g2

ser?” Ramiro respondió con desprecio

a amenazar a Elia con un cuchillo y hasta la había herido. ¡De verdad no

la muerte!

apellido Guzmán, ¿en verdad quería usar mi mano para matar a Elia…?” Liuva se preguntó confundida, pero de repente, como si una luz se encendiera en su

“¡Maldición, caí en la trampa! Yo me largo de aquí, ¡tú

su móvil en el bolsillo y se escabulló por la puerta trasera.

salida. Si

dio cuenta de que había sido engañada. Asier le había dicho a propósito que Elia era prescindible, sólo para deshacerse de ella, que era una espina en el costado de Cecilia, incitándola a matar a Elia. Todo había

provocación para hacerla liberar a

que debería haber llegado a sus manos era de diez millones, pero por la interferencia de Asier, solo pudo obtener quinientos mil. Liuva

vida. Asier no era como Benjamín; si Asier la atrapaba,

rápida, cerró la puerta principal desde adentro

de que Ramiro y Liuva se fueran, dos

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la puerta cortésmente, pero no

con fuerza, pero aun

se miraron el uno al otro, intuyendo que algo no estaba bien, y con un esfuerzo conjunto, derribaron la puerta. Al inspeccionar el interior,

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