Farel recordó el dolor que ella había sufrido y terminó en un instante.

La cargó en brazos y la llevó al baño para que se aseara, luego volvió a dormir en su cama, sin ninguna intención de irse.

Esa vez, Evrie no se molestó en preguntar. Después de todo, era su casa y no tenía motivos para echarlo, y por supuesto no podría echarlo.

Se quedó acostada un rato, después se levantó y buscó en la mesita de noche una pastilla que metió en su boca.

—¿Qué estás tomando?—Farel, con ojo avizor, lo había notado.

—Pastillas anticonceptivas.—dijo Evrie.

La noche anterior, cuando estuvieron juntos, él agotó los codones y por suerte ella ya tenía una pastilla preparada en el cajón.

Farel recogió el paquete que ella había tirado y lo miró con el ceño ligeramente fruncido.

Era la marca más barata, la que podía ser más dañina.

—No las tomes más, avísame cuando estés en tus días.—le dijo.

—Ah…—

Evrie asintió un poco confundida. ¿Estaba preocupado por su salud y por eso no quería que tomara esas pastillas?

—Duerme.—le dijo Farel, su tono se suavizó un poco.

Ella obedeció y se acostó de nuevo, dándole la espalda y cerrando los ojos, dejando que el sueño la invadiera lentamente y disipara el cansancio del día.

Después de un rato, el brazo de Farel se extendió detrás de ella y rodeó su cintura.

tensó, despertándose sobresaltada de su

su aliento fresco rozando su oreja en un tono

has dormido abrazada

rojo de vergüenza.copy

una pregunta

había tenido un novio, su primera vez había

pesado y

lo rechazó, al contrario, se sentía

constante en su oído, su fuerte corazón latía contra su espalda. Era la

finalmente se quedó

El tiempo pasaba rápido.

Evrie

un destino sin necesidad de visa, así

en coche para llevar a Leandro Reyes y a Evrie al aeropuerto. No había mucha gente por la

su equipaje, Leandro alcanzó a ver la maleta de Evrie. Había un logo en

un precio en el mercado que comenzaba en

no era esa maleta. Leandro sabía que, con los recursos económicos y

que ella no supiera el

bastante especial.—comentó Leandro

nada—Ah, sí, me la regaló el Dr.

que el precio de la maleta debía ser alto, definitivamente fuera de su alcance, así que decidió ser

es

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