Capítulo 7
La puerta de la sala de reuniones estuvo bloqueada durante casi una hora. Después de terminar todo, Cira tomó algunas toallitas de alcohol y limpió la mesa de la reunión. Una vez que terminó, se dio la vuelta y vio a Morgan, quien había recuperado su apariencia elegante y distante como siempre. Lo observó detenidamente y notó algunas arrugas en su camisa, lo que indicaba que él había perdido el control.
Cira recogió la corbata y se acercó para ayudarlo a ponérsela. Morgan estaba acostumbrado a que ella cuidara de él. Levantó ligeramente la barbilla, mostrando su fuerte nuez del cuello, mientras los dedos de Cira ataban hábilmente la corbata. Ella le susurró suavemente:
—Quiero volver a la sede central.
Morgan entrecerró los ojos al notar la obediencia en los ojos de la mujer. Respondió con indiferencia:
—Desde el principio te dije que cuando terminara el proyecto podrías regresar. Ahora que el proyecto está terminado, si quieres hacerlo, nadie te lo impedirá.
Por lo tanto, cuando Morgan terminó su visita, Cira se reunió con el equipo para regresar a la ciudad de Sherón.
Al verla, Keyla le preguntó a Morgan con una expresión ingenua:
—Jefe, ¿puede Cira regresar con nosotros?
Morgan asintió mientras revisaba unos documentos. Keyla de inmediato sonrió radiante y exclamó:
—¡Genial! Cira, te he extrañado tanto en los últimos dos meses.

Cira miró a la chica.
Tenía un maquillaje con las mejillas sonrojadas de tono naranja. Con sus ojos redondos, lucía un ambiente juvenil y encantadora. Cira la elogió:
—Tienes un buen maquillaje.
Un buen maquillaje inocente que a todos los hombres les gustaría. Al escucharlo, las pestañas de Keyla parpadearon y ella sonrió ligeramente.
Cuando el avión aterrizó, ya era la noche. El chofer los recogió y Morgan le pidió:
—Lleva a Keyla a casa primero.
Con solo esas palabras, el conductor supo a dónde dirigirse.
Cira observó distraídamente la ciudad en la que no había estado durante dos meses. Cuando el auto se detuvo, se dio cuenta de que Keyla ya no vivía en el antiguo complejo residencial. Habían llegado a uno mucho más lujoso en el centro de la ciudad, muy cerca de la empresa.
Keyla salió del auto y agitó la mano despidiéndose:
—Jefe, Cira, ha sido un trabajo duro estos días. Que se descanse bien, nos vemos en la oficina mañana.
Morgan asintió con la cabeza y la observó alejarse.
El chofer volvió a arrancar el auto, mientras que Cira preguntaba:
—¿Le compraste una casa aquí?
Morgan volvió a revisar los documentos. Había estado ocupado revisando papeles durante todo el camino. Respondió descuidadamente:
—Es otra propiedad mía. El distrito donde vivía no era seguro. No quería que se sintiera incómoda, así que dije que era un apartamento alquilado. No lo digas.
De repente, como si se le ocurriera algo divertido y soltó una risa:
—Y esta tontita incluso me paga trescientos dólares de alquiler cada mes.
Cira dijo:
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