ATRACCIÓN PELIGROSA. CAPÍTULO 44. Te amo…

Hubiera preferido los cartuchos de Nathan, por desgracia esa era la verdad. Ya no había tiempo para las discusiones, las bromas y la rabia que llevaba al sexo de reconciliación, porque de ese ya no habría más.

-¡Nahia, espera! ¡Por favor espera…! -la detuvo-. Por favor…

Ella apretó los labios y se giró hacia él, sabía que estaba arrepentido, sabía que estaba haciéndolo sentir mal, pero por una vez necesitaba elegirse primero ella misma, y a su hija. 5

-Lo siento -murmuró él mirándola a los ojos mientras los suyos se cristalizaban-. ¡Nahia, lo siento de verdad! Sabes que te quiero, siempre te he querido, pero es evidente que no soy bueno para esto, no he sabido quererte bien, no he sabido amarte como te mereces y yo… no sé si habría regresado, no puedo mentirte, no sé si lo habría hecho porque no me siento… ya no me siento suficiente para tí, y eso tampoco es por lo de la mano.

Ella lo escuchó y sintió una punzada de tristeza por sus palabras. ¿Cómo era que él podía hacerla sentirse así? Soltó un suspiro profundo y le sonrió algo forzado, como si el dolor se hubiera convertido en algo tangible que atenazaba su corazón.

-Lo sé, Aaron

dijo con tristeza-. Yo tampoco quería esto para nosotros, pero ya pasó, ya no podemos volver atrás y hay cosas mucho más importantes de las que preocuparnos.

Aaron negó con la cabeza.

-Y no me arrepiento de nada de lo que hemos vivido juntos.

Nahia respiró profundo y asintió.

-Yo tampoco me arrepiento, pero ya no puedo volver ahí -sentenció-. Quizás hace unos meses habría podido darme el lujo de que me rompieras otra vez el corazón… pero ya no es así. Tengo una hija ahora, y ella es más importante que todo. Espero que lo entiendas. 2

Nahia abrió los brazos ofreciéndole un abrazo desinteresado e infinito. Él lo aceptó sintiendo como sus palabras se desvanecían. A pesar de la calidez que sentía en ella, sabía que aquel era un adiós. 1

-Te quiero, Aaron, espero que seas muy feliz -murmuró Nahia.

-Te amo… -respondió él en su oído-. Te amo más que a nada en el mundo, no me quiero rendir. 2

Ella suspiró mientras se separaba de él y Aaron sintió como si le estuvieran arrancando lo más importante de su vida.

-No es rendición si no hay nada por qué luchar. Por favor no vuelvas más.

lugar. Podía sentir las lágrimas, saladas y calientes corriendo por sus mejillas,

se giró, limpiándose la cara para asentir

señora King… ya

vio dirigirse a la puerta y lo llamó antes

un atrevimiento de mi parte, pero me

se detuvo en el acto y

King,

caminar hacia el orfanato-. Sé que investigaste antes de venir y supiste que acogemos a niños discapacitados, por eso Maddi hará lo posible por tomar tu proyecto. Sé que eso te hará quedarte cerca.

a quedarme cerca, ya no quiero incomodar a Nahia… -replicó él cabizbajo.

ver con mi hija -sentenció Meli-. Una

detuvo y señaló hacia una de las áreas del jardín y Aaron siguió su mirada para ver a un chico de unos doce años sentado

de la rodilla en el

algo para él -murmuró Aaron-. Las piernas tienen muchas menos redes neuronales que las

con los psicólogos. Apenas come, apenas duerme, no sabemos si siente dolor, o mejor dicho, qué clase de dolor siente. Es el único niño al

le hacía un nudo en la

lo entienden -murmuró.

que sí lo entienda, su vida podría

con el corazón encogido. Ni siquiera sabía qué debía hacer o cómo podría ayudar

a conocerlo? -preguntó.

Meli y Aaron estrujó su chaqueta con nerviosismo acercándose

metros, pero mientras los

niño. Por un largo rato todo lo que Aaron hizo fue lanzar aquellas piedritas al

si fuera algo mecánico, Kyle también comenzó a lanzar piedritas

ni una sola palabra. Cuando llamaron a los niños para la cena, Aaron acercó la silla de

de echar a andar hacia

iba a aceptar, solo le pidió que fuera en un horario en que Kyle no tuviera clases, en la tarde o en la noche.

Ucrania lo planeaba para regresar lo antes posible, y por supuesto que Caleb recibió los archivos médicos de Kyle para ir haciendo sus prótesis.

Nahia seguía trabajando y cuidando de su hija como si le fuera la vida en ello, y Aaron se sentaba en aquel muelle, sin decir ni una palabra, solo

destino tenía una forma extraña de hacer las cosas, el destino o maestras que

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