Capítulo 32

La azafata pasaba por el pasillo ofreciendo bebidas y refrescos cuando a Amapola se le ocurrió una idea. Tomó una copa de vino tinto, se arregló un poco el cabello y se dirigió con determinación hacia la zona VIP. Justo cuando estaba a un paso de distancia, tropezó y derramó todo el vino sobre los pantalones de Roman.

-¡Eh!

Javier, que estaba cerca, fue el primero en reaccionar y detuvo lo que estaba haciendo.

-¿Pero qué te pasa?

-Lo siento, lo siento, me senti un poco mareada y perdí el equilibrio…-, se disculpó Amapola, sosteniéndose la frente y luciendo una cara llena de culpa, -¿Quieres que le ayude a limpiarse al señor?

Dicho esto, se agachó junto a los pies de Roman, con las manos listas para tocar su pantalón.

El frío vino derramado en sus piernas despertó a Roman de su ligero sueño. Al abrir los ojos, Roman vio una cara de mujer que parecia dar lástima, y de repente, una intensidad amenazante brotó de sus ojos oscuros, -¡Fuera!

Esa palabra heló a Amapola hasta los huesos, y sus manos, que estaban a punto de tocarle las piernas, empezaron a temblar de miedo.

Javier, con su experiencia en el ambiente laboral, se dio cuenta desde el momento en que Amapola se arrodilló de sus verdaderas intenciones. Quería llamar la atención de Roman con ese sucio truco. Era ridículo, pero antes de que pudiera detenerla, Roman ya se había despertado.

Roman ya sufría de insomnio y había trabajado intensamente durante días, apenas consiguiendo dormir un poco en el vuelo. ¡Y ser despertado de esa manera era imperdonable!

-Lo siento, lo siento mucho, señor, no fue mi intención….

Nerea estaba ocupada ajustando la claridad del audifono conectado a su teléfono cuando de repente escuchó ruidos que venian de la zona VIP. Algunas azafatas corrían hacia allí apresuradamente.

¿Era… la voz de Amapola?

¿Qué había pasado?

VIP. A través de las

¿Qué estaba pasando?

¿Roman? ¿Amapola?

Amapola estaba medio

ayudar a limpiarlo, o

retirese ahora. Nosotros

copa de vino en

siempre buscando la manera de llamar la atención de los hombres,

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táctica como astuta o patética.

-Lo siento, señor…

pudiera intervenir, escucharon una voz familiar. -¿Hermanita, qué

abrió paso entre las azafatas y llegó al lugar fingiendo sorpresa al ver la escena, -Sr. Roman, ¡qué coincidencia

verla, la irritación y la ansiedad que habían dominado a Roman se disiparon como si un viento fuerte las hubiera llevado, dejando solo una chispa de sorpresa y perplejidad en sus

¿Señorita Nerea?

¿Hermanita?

que había visto en Cantante Con Máscara. Se preguntaba por qué le resultaba tan familiar, pensando

accidentalmente derramé vino

días, Srta. Nerea.

voz de Roman, con un saludo calmado y profundo, como una brisa refrescante en un día de verano, completamente diferente al tono de voz amenazante con el que le había dicho

quedó

¿Por qué?

él no la reconoció? sim

la verdadera hija de la familia?

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